domingo, 12 de abril de 2020

Tragedias, desastres y pandemias


Los desastres a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestras vidas pueden presentarse de diferentes formas; ciertas condiciones climatológicas o manifestaciones de la naturaleza como huracanes, inundaciones, terremotos y erupciones pueden provocar panoramas de desolación y desesperanza. También existen enfermedades  que causan muertes masivas como el VIH, el cáncer o virus desconocidos y también pueden considerarse como desastres las muertes violentas e inesperadas como resultado de un hecho poco común como un tiroteo, un asesinato o un accidente aéreo. 



Constantemente escuchamos en las noticias sobre eventos de este tipo en otros lugares, pero vivirlos en carne propia cambia la perspectiva. Los efectos emocionales que las tragedias y los desastres súbitos provocan tanto en adultos como en niños pueden ser devastadores; sobre todo cuando hay pánico generalizado, la información no es clara y la situación aún se encuentra fuera de control. Vivir un momento así implica un reto mayor para estabilizar nuestras emociones y poder hacernos cargo del impacto que produce en nosotros.

Con la finalidad de entender más claramente lo que sucede en nuestro interior durante una tragedia o desastre, hablaremos sobre algunas de las reacciones más comunes en los momentos de crisis.

La manera en que cada persona reacciona ante una emergencia, varía en forma e intensidad dependiendo de su temperamento, su personalidad, la manera en que ha visto que situaciones similares se desarrollan y la forma en que las personas que los rodean reaccionan en momentos parecidos. Pero hay algunas generalidades que nos permiten prepararnos para lidiar con nuestras emociones:

·          Falta de control: Por su naturaleza, los desastres son situaciones que no podemos controlar y en la mayoría de los casos no podemos hacer nada para prepararnos; la sensación de sentir que es imposible aminorar sus efectos puede ser avasallante. Cuando vivimos un evento que deja ver la fuerza de la naturaleza y simplemente estamos a disposición de sus embates, el impacto emocional es aún mayor. 

·          Perder la estabilidad: Sentirnos amenazados pone en duda la confianza en uno mismo y puede afectar el equilibrio mental por periodos prolongados de tiempo. Se pierde la percepción del límite de la tragedia y es difícil entender la dimensión de las consecuencias. El pesimismo y la falta de esperanza nos invaden y durante el desastre y los días siguientes pensamos que todo terminará irremediablemente en cualquier momento.

·          Reaccionar egocéntricamente: La reacción inmediata ante un desastre incluye el temor a perder la propia seguridad.  La intensa preocupación por lo que va a suceder y los planteamientos de escenarios aún más desastrosos podrían parecer exagerados, pero se sienten reales y  resulta difícil anteponer las necesidades de otros a las propias. Por eso hemos visto en las noticias ataques a personal médico y a personas que ante los ojos de quienes agreden están poniendo en peligro a los demás.  Dejar de exponerse a noticias alarmistas y escuchar palabras que comuniquen tranquilidad y seguridad es muy importante.  Además, es necesario crear conciencia basada en información real y seria sobre lo que podría suceder como resultado del desastre.



Existe una similitud en las reacciones ante un desastre y en las que se tienen con otras pérdidas que generan un dolor intenso. En este caso también se hacen presentes emociones como la depresión, la negación y la ira. La forma en que se manifiestan varía de persona a persona; por ejemplo, algunos podrían negarse a hablar de la situación, un niño en edad preescolar podría hacer berrinches o payasadas cuando los adultos están hablando del desastre. Otros podrían retraerse y se aislarse en su habitación, otros podrían descalificar las reacciones del resto ante el desastre. Un adolescente podría interrumpir a sus padres insistentemente para conseguir permiso de salir a divertirse con sus amigos; algunos adultos podrían dejar de tener precauciones y ponerse en peligro a sí mismos y a quienes les rodean, etc.
Una vez pasada la crisis traumática del suceso, pueden presentarse síntomas típicos del estrés. Los síntomas varían de acuerdo a la historia de cada persona, a sus herramientas emocionales, a la edad y madurez, pero es necesario buscar ayuda profesional si resultaran extremos o permanecieran de manera prolongada.

¿Qué hacer si tu o alguien cercano está teniendo reacciones intensas?

·          No es fácil saber qué decir en momentos difíciles.  Si no encuentras las palabras indicadas para hablar sobre lo que sientes o lo que sucede, puedes empezar aceptando que la situación está siendo verdaderamente difícil para todos, que no sabes que hacer o como resolver las dificultades. Decirle a tus personas importantes que les amas, siempre tiene un efecto positivo.

·          Esfuérzate por identificar sentimientos y emociones ocultos en tus pensamientos y acciones y ponlos en palabras. Saber que otros sienten la misma pena que tú puede ser de gran ayuda.

·          Infórmate con fuentes oficiales enterarte en el momento en que la intensidad del desastre empiece a disminuír, los avances que se van logrando y las acciones que se están tomando para ayudar a los afectados. Es importante saber lo que ha sucedido, lo que podría ocurrir y el riesgo que existe para ti y tu familia. Resuelve tus dudas para mitigar la incertidumbre, en el caso de los niños es importante atender con la verdad sus inquietudes. Obsérvate e identifica si tu imaginación está magnificando lo que en realidad está sucediendo.



·          No niegues la gravedad de la situación. Permítete llorar y sentir enojo, se paciente contigo porque no es fácil aceptar que pasará un tiempo antes de que todo vuelva a estar bien.

·          Planifica actividades junto con tu familia que puedan ayudar a manejar sus emociones y a recobrar dominio propio en su vida. Por ejemplo:
·          Encender velas o plantar un árbol en memoria de una muerte.
·          Recaudar fondos para las víctimas del desastre.
·          Hacer tarjetas con mensajes especiales para personas afectadas.
·          Hacer dibujos y colocarlos en la pizarra de anuncios de la escuela o del supermercado.
·          Redactar un cuento o poesía sobre el desastre para incluirlo en algún proyecto relacionado.

·          Comunica a los maestros como ha reaccionado tu hijo ante la tragedia, infórmate sobre las medidas que han tomado en la institución para manejar el desastre.

·          Si hubieran servicios funerarios o servicios celebrados en memoria de los fallecidos, haz los arreglos necesarios para que toda la familia esté enterada y se sientan acompañados.

·          Descansa. Las emociones vividas pueden provocar mucha tensión y estrés que requerirán tiempo y relajación para reponerse.

·          Es probable que todos necesitemos seguir hablando de lo sucedido tiempo después del desastre. Crea espacios específicos para hacerlo, eso ayudará a que sigamos organizando nuestra percepción sobre el asunto.

·          Si al paso del tiempo sufrieras alucinaciones, recuerdos intensos relacionados con la experiencia, pesadillas, te sintieras aturdido o indiferente (falta de demostraciones de afecto y falta de interés), inquieto, con dificultad para dormir, irritable o con sobresaltos exagerados, considera acudir a un profesional. El acompañamiento terapéutico es muy efectivo para tratar estos sentimientos.

·          Cuando el efecto del desastre haya disminuido, vuelve a las rutinas acostumbradas, aunque hubiera algún cambio programado, esfuérzate por mantener la rutina diaria por algún tiempo para restablecer el sentido de bienestar y seguridad.



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