domingo, 20 de septiembre de 2015

Como ser una mamá que trabaja sin desfallecer en el intento


Cuando las mamás trabajamos (fuera de casa o desde casa) influye en nuestros hijos, sin embargo hay algunos factores que pueden ayudarnos a mantener la situación bajo control:
- Se una mamá trabajadora sin culpas: los niños son muy sensibles y perciben lo que estás sintiendo, no intentes compensar tu ausencia con regalos o siendo permisiva.
- Da a tus hijos tiempo de calidad: aunque sea por periodos cortos de tiempo, tus hijos necesitan percibirte como una mamá presente, contenta y dispuesta a estar con ellos.
- Utiliza las herramientas a tu alcance: si sientes que podrías hacer más por tus hijos investiga, lee o pide asesoría. Aunque la madre no esté presente la mayor parte del día, si es posible que aporte de manera funcional las habilidades y la energía provenientes de la maternidad.
- Crea un vínculo amoroso con tus hijos: disfruta los momentos que tienes con los chicos dejando a un lado todo lo demás (pendientes, celular, computadora, televisión, etc.) enfócate solamente a estar con ellos.
- Pide ayuda: dividirse en tiempo entre la casa, la familia y el trabajo puede ser extenuante. No tienes porqué cubrir todos los roles todo el tiempo tu sola. Está bien si decides contratar ayuda o pedir apoyo a algún familiar o a otras madres para resolver las situaciones que te están sobrepasando.
- Establece límites: si cuentas con el apoyo de adultos conocidos y congruentes con tu estilo de crianza es más fácil para ti y para los chicos lidiar bien con la situación. Los cuidadores necesitan y tienen el derecho a saber la manera en que quieres que los chicos sean tratados mientras estás trabajando;  recuérdales que las decisiones las tomas tú, establece y comunícales de forma clara y amable lo que es permitido y lo que no. Esto ayudará a que respeten los espacios y tus creencias y evitará sorpresas desagradables.
- Involúcrate: considera que por el carácter y personalidad de los chicos las cosas pueden no estar resultando bien para ellos. Si detectas algún cambio importante en su conducta como falta de apetito, dificultad para conciliar y mantener el sueño, retracción, rebeldía, cambios en los hábitos alimenticios, irritabilidad o agresión, habla con ellos y escucha atentamente la manera en que se sienten (no los interrumpas, no los regañes, ni menosprecies lo que tienen que decirte, sus sentimientos y percepción no están en tela de juicio). Así, juntos podrán tomar decisiones para ayudarlos a adaptarse a la situación y que todos se sientan mejor.



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