martes, 17 de julio de 2018

Cultura de la violación


La cultura de la violación, acuñado como concepto en los años setenta, vincula la violación y la violencia sexual a la cultura de una sociedad en la que lo habitual es normalizar, excusar, tolerar e incluso perdonar la violación y al mismo tiempo, culpabilizar a la víctima 
 Nuria Varela

Cultura de la Violación

La cultura de la violación describe un problema social y cultural donde la violación es aceptada y normalizada debido a pensamientos, creencias, comportamientos y actitudes sociales sobre el género, el sexo y la sexualidad; incluye mensajes sociales que ordenan a hombres y mujeres a asumir roles de género predefinidos en relación con el comportamiento sexual.
La cultura de la violación, es el entorno en el cual la violencia sexual infligida contra la mujer se naturaliza y encuentra justificación tanto en los medios de comunicación como en la cultura popular y en el sistema de justicia. Se perpetúa mediante el uso de lenguaje misógino, la despersonalización del cuerpo de la mujer y el embellecimiento de la violencia sexual, dando lugar a una sociedad despreocupada por los derechos y la seguridad de las mujeres (Marshall University’s Women’s Center).



En México, hay 99 víctimas de delitos sexuales por día. Durante febrero de este año (2018), los delitos sexuales incrementaron 10.6%, en comparación con el mismo mes del año pasado. Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), las carpetas de investigación por abuso, acoso y hostigamiento sexual, así como la violación simple, violación equiparada, incesto y otros delitos pasaron de dos mil 568 a dos mil 841, en el referido periodo. Los anteriores datos corresponden únicamente a los casos que se denuncian en las agencias del Ministerio Público. De acuerdo con estimaciones del INEGI, cerca del 95% de los delitos sexuales ni siquiera se denuncian, sino que se quedan en la llamada “cifra negra”.

Las agresiones sexuales son delitos que en la mayoría de los casos quedan impunes, incluso cuando se denuncian. Un diagnóstico sobre la violencia sexual elaborado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), muestra que en promedio, de cada cien casos de agresiones sexuales que se cometen en el país, solo seis llegan a ser denunciadas y de esas apenas la tercera parte son consignadas ante un juez. Otro problema evidenciado por el estudio es el desorden que predomina en el país en cuanto a cómo se califican y castigan los casos de violencia sexual dado que no hay criterios homologados en los códigos penales vigentes. “Lo que existe en muchos de estos razonamientos es una actuación misógina, discriminatoria e ignorante del marco constitucional en materia de derechos humanos de las mujeres, particularmente de lo establecido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (…) existe un estereotipo de que por ejemplo, si las mujeres abusadas no se defienden, es que lo consienten y eso es un error” (Michelle Salas). Uno de los problemas fundamentales en los delitos sexuales es que las víctimas se convierten casi siempre en “las sospechosas”, lo que contribuye a que los casos ni siquiera sean denunciados.
(http\://www.animalpolitico.com/2017/04/delitos-sexuales-violencia-mexico/)

Las violaciones en México y en otras partes del mundo, muestran una masculinidad extremadamente violenta, agresiva y deshumanizada que ha sido entrenada y reforzada por el sistema patriarcal (no debemos olvidar que la industria del sexo es la principal aliada de la cultura de la violación, siendo la pornografía el medio de instrucción y “educación sexual” por excelencia). 

Por supuesto, los hombres no son los únicos que violan, como las mujeres no somos las únicas víctimas; hay hombres que violan a otros hombres y mujeres que violan a hombres, pero lo que nos hace poner la mirada en los hombres como máximos responsables, es que son quienes cometen el 99% de las violaciones denunciadas.

Para prevenir las violaciones, un hombre debe entender que cuando una mujer dice “no” significa únicamente “no”, que cuando una mujer se encuentra bajo los efectos del alcohol o de alguna droga y no está en condiciones de hablar, no hay consentimiento de por medio y automáticamente significa “no”. Hombres y mujeres debemos dejar de insistir en que somos nosotras quienes podemos y debemos evitar las violaciones al vestir, hablar o comportarnos de cierta manera, disculpando así, la responsabilidad UNICA de los violadores. Son los hombres quienes deben dejar de creer que pueden disponer del cuerpo de las mujeres y son ellos quienes deben dejar de violar. 

Algunos ejemplos de cultura de la violación:

·          Culpar a la víctima (“bebió de más”, “andaba sola”, “coqueteaba con todos”, “ella lo estaba pidiendo”, “ha tenido muchos novios”, “se vestía muy provocativa”).
·          Justificar las agresiones sexuales (“los hombres son así”, “los hombres no pueden controlarse”, “los hombres necesitan sexo”).
·          Hacer, compartir y reírse de chistes sexualmente explícitos.
·          Compartir fotos y videos que muestren violencia sexual.
·          Sexualizar a las niñas y adolescentes (modelaje, presión para que las niñas se vean atractivas y consigan la atención de los hombres, decir cosas como:  “vas a tener un cuerpo muy bonito”, “es chiquita, pero sexy”).
·          Tolerar y justificar el acoso sexual (“así funciona el mundo de los negocios”, “para ascender en el trabajo hay que hacer favores sexuales”, “es normal que los hombres insistan”, “cuando un hombre quiere algo, hará todo para conseguirlo –y es válido-”).
·          Inflar las cifras de denuncias de violación falsas.
·          Relacionar los hábitos de vestimenta, salud psíquica, afectos, costumbres, acciones, motivaciones e historial de la víctima con las agresiones y hacerlos públicos para atenuar la responsabilidad del violador.
·          Ver, promover, recomendar y compartir películas y programas de televisión que muestren, justifiquen y respalden la violencia de género (celos, violencia física, psicológica, económica, etc.).
·          Definir la «masculinidad» como dominante y sexualmente agresiva.
·          Definir la «feminidad» como sumisa y sexualmente pasiva.
·          Presionar a los hombres para que consigan sus metas a cualquier costo y pasando sobre quien sea.
·          Presionar a las mujeres para que no sean contestonas, siempre sonrían, sean complacientes, acepten lo que se les presente, etc.
·          Asumir que solo violan a mujeres que ejercen su libertad sexual.
·          Asumir que las violaciones a hombres no existen y que si llegan a suceder es porque el hombre víctima es débil.
·          Creer que las acusaciones de violación, acoso y hostigamiento son una exageración y no tomarlas en serio.
·          Enseñar a las mujeres cómo no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar.



¿Es posible actuar dentro de esta sociedad para modificar la cultura de la violación? La respuesta es; SI. Comparto algunas ideas que pueden contribuir:

·          Evita el uso de lenguaje que trate como objetos, despersonalice o degrade a las mujeres (deja de llamar “puta”, “cualquiera”, “zorra”, “loca”, “ofrecida”, “nalga”, “vieja”, “carne”, etc. a las mujeres, independientemente de la situación).
·          No permitas que otros cuenten chistes ofensivos, que promuevan o justifiquen la violación o que cometan algún acto de violencia de género. Intervén, quéjate, apoya o defiende a la(s) víctima(s), pon un alto. Como dice Nuria Varela, “el silencio, la sumisión y el miedo no protegen”.
·          Mantén un pensamiento crítico con los mensajes que te llegan en Whatsapp y redes sociales sobre mujeres, hombres, relaciones y violencia; es válido pedir que paren, decir que no estás de acuerdo con esos mensajes y promover la reflexión en tus grupos y chats.
·          Si una mujer que conoces te dice que la han violado, que alguien la acosa u hostiga, tómala en serio y apóyala.
·          Respeta el espacio personal (físico) de cualquier mujer, incluso en lugares donde hayan muchas personas.
·          Mantén comunicación constante con tus parejas sexuales, pregunta si están de acuerdo con la manera en que se están relacionando físicamente, asegúrate de que no les incomode, moleste o que no se sientan humilladas o agredidas sexualmente. No asumas que por ser tus parejas, están obligadas a dar su consentimiento a todo. En cualquier momento que tu pareja diga “no”, debes detenerte, no importa que tan intensas se hayan puesto las cosas.
·          Define tu propio concepto de lo masculino y lo femenino, cuestiona los estereotipos y no permitas que ciertos usos y costumbres guíen tus actos.

 
 


















































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