miércoles, 17 de febrero de 2016

Verdades del Matrimonio ¿Qué esperar?


En la mayoría de las relaciones de pareja normalmente llega el momento en que se siente que es hora de avanzar dando “el siguiente paso” y la respuesta esperada socialmente a esa inquietud es el matrimonio. Casarse tiene muchas ventajas, pero también la pareja se enfrentará a algunos conflictos de los que casi nunca se habla de manera seria y formal, pero son reales. Difícilmente nos preparan para comunicarnos, negociar, convivir, ceder o pedir lo que necesitamos una vez que nos casamos, sin embargo si existe toda una construcción social de idealización en torno al matrimonio que influencia nuestras expectativas y la manera en que nos desenvolveremos en la vida de casados:


Desde pequeños nos enseñan que es indispensable casarnos y tener una familia para ser felices.
Se considera el día de la boda el día más importante de nuestras vidas.
Si alguien no se casa, se le considera una persona incompleta o fracasada, probablemente se crea que hay algo raro ya que no quiere o no ha podido vivir en pareja.
La soltería es considerada indeseable.
Los noviazgos eternos u optar por vivir juntos se consideran falta de compromiso en la relación.
La familia y la sociedad ejercen una presión muy fuerte para que todos, a como dé lugar, nos casemos y pronto tengamos hijos.
Se cree que el amor por si solo todo lo puede.
Además existen creencias muy exigentes y juiciosas sobre lo que debería ser un matrimonio como por ejemplo: que ambos miembros de la pareja pertenezcan a un estrato social similar, que hayan alcanzado niveles educativos parecidos, que pertenezcan a la misma raza y religión, que la diferencia de edades no sea muy grande, que no existan matrimonios anteriores (ni hijos con otra pareja), que el matrimonio sea heterosexual, que tengan ingresos similares, que la celebración de la unión sea una fiesta en grande y con muchos invitados, que lo más pronto posible tengan hijos (pareciera inconcebible que la pareja decida no tener hijos), etc.

En realidad todos esos factores son impuestos por terceras personas (el matrimonio no ha existido siempre, es un invento social, económico y político), pero actualmente vivimos en momento histórico y cultural donde está vigente y las expectativas relacionadas influyen enormemente en los lazos afectivos de la pareja, muchas veces al grado de evitar la unión, forzarla o terminarla en caso de ya haber contraído matrimonio.




Por supuesto casarse es un estilo de vida muy disfrutable si la decisión se ha tomado de manera consciente, en completa libertad y a sabiendas de lo que nos espera el resto de nuestras vidas, pero no es una decisión que debe tomarse a la ligera…. El “vivieron juntos para siempre” se oye fácil, sin embargo para saber bien en lo que nos estamos metiendo necesitamos hablar un poco más sobre los pros y contras del matrimonio:


Bondades del matrimonio:

Podrán pasar más tiempo juntos, no hay que esperar para verse. Esta etapa de la relación acerca mucho a la pareja ya que la convivencia intensa les permite conversar más, conocerse mejor, compartir más actividades, involucrarse más y disfrutar la compañía del otro de manera más íntima y en confianza. 


Tener un proyecto de vida en común es muy emocionante y es una experiencia gratificante. El formar un matrimonio ayuda a desarrollar muchas habilidades, la capacidad para comunicarse y negociar se afinará ya que ahora las decisiones se toman juntos. 
Los recursos se unen y probablemente las finanzas se estabilicen. Que una persona absorba todos los gastos puede resultar difícil, en cambio compartirlos puede ser de gran ayuda…. El costo de la renta, despensa, gastos de la casa y entretenimiento entre dos son más ligeros y con buenos acuerdos entre los miembros de la pareja pronto podrían incrementar sus ahorros y aumentar su patrimonio si así lo desean.
Los problemas son más fáciles de afrontar con compañía y el matrimonio consciente definitivamente aporta ese apoyo y contención en los momentos difíciles.



Problemas del Matrimonio:

Durante el noviazgo, la pareja se ve solo algunos momentos del día (o algunos días de la semana), después de haberse extrañado, tal vez para compartir momentos de diversión, reuniones, ocio y eventos sociales, ambos arreglados y perfumados… pues hay que saber que con el matrimonio eso cambia ya que es distinto despertar juntos, compartir el baño, la cocina, la cama, los humores, las responsabilidades y las obligaciones… además de conocer los hábitos, costumbres y mañas reales de la pareja, el compartir espacios y tiempos podría despertar algunos conflictos, disgustos, malos entendidos y problemas.


La relación cambia… aunque en el momento de decidir casarse la pareja (y todo mundo al rededor) se encuentren en un estado de euforia y emoción creyendo que vivirán una vida de alegría y pasión eternas, la rutina y las responsabilidades pueden ir apagando la capacidad de disfrutar juntos. 
Así como el matrimonio es idealizado en nuestra sociedad, paradójicamente también es considerado una carga e implica la pérdida de muchos privilegios de la soltería, esas ideas hacen que ante la menor dificultad, el matrimonio se vea como una cárcel de la que es casi imposible escapar y que nos veamos obligados a quejarnos constantemente de las exigencias y desatinos de la pareja deteriorando la relación. 

Muchas personas opinarán sobre la manera en que llevamos nuestro matrimonio… todos señalarán los errores que (según ellos) cometemos, presionarán para que hagamos tal o cual cosa, sobre cómo nos llevamos, sobre las decisiones que toma el matrimonio, sobre si piensan tener hijos o no, sobre sus acuerdos, sobre con quien quieren pasar Navidad, como gastan su dinero, etc… al grado que esas opiniones y la presión que ejercen podrían tambalear la estabilidad y permanencia de la pareja en matrimonio.



Es real que el matrimonio no necesariamente es el estado ideal para todos, puede que funcione para algunos, pero no para otros. La decisión de casarse es seria, requiere responsabilidad y mucha consciencia de uno mismo además de trabajo, cuidados y dedicación. Los matrimonios extraordinarias no se construyen sobre mitos, exigencias, amenazas, presiones,  ni miedos… los matrimonios saludables se deciden y se mantienen a través del buen trato, lealtad, deseo, respeto, libertad de espacio y tiempo individuales y de pareja. 

Para iniciar un matrimonio consciente es necesario hablar mucho desde el noviazgo, si ya estás casado y quieres llevar a niveles extraordinarios tu matrimonio o recuperarlo tras una crisis o desgaste en la relación, es necesario tomar en cuenta que se requiere esfuerzo y trabajo para conseguirlo y mantener la nueva dinámica. Estos puntos pueden ser de utilidad:

Comunicarse y llegar a acuerdos sobre lo que esperan, quieren y necesitan de la vida de casados. 
Cuidarse uno al otro, estar pendientes de la pareja, preguntar e interesarse genuinamente sobre lo que le pasa al otro, hablar de sus preocupaciones, sus miedos, sus gustos, sus sentimientos, etc. 
Expresar constantemente lo que sienten por el otro, nunca asumas que tu pareja sabe que te gusta, que la amas, o que disfrutas su compañía…. Dilo cada vez que lo sientas, no olvides los detalles ni las demostraciones de afecto diarias... los lazos emocionales se cuidan y se cultivan (este consejo aplica para tus otras relaciones también: padres, amigos, hijos, familia extendida…).
Buen trato entre los cónyuges siempre y en todo momento, no importa si están solos o en un lugar público, el respeto y la consideración deben estar presentes en todo momento entre ustedes. Si las conversaciones suben de tono, identifíquenlo y tomen unos momentos para calmarse y retomar la conversación en un tono más calmado y considerado.
Negociar las situaciones que van surgiendo, trabajar en equipo para que el matrimonio funcione es básico. Evalúen cada situación juntos y acuerden planes de acción en los que ambos estén de acuerdo.
Hablar con calma sobre todo lo que ocurra en la pareja y su alrededor, es decir, esforzarse por comunicarse de manera respetuosa para encontrar soluciones pacíficas y civilizadas para todos sus conflictos. Si algo no les gusta sobre la relación, ambos tienen derecho a hablarlo, a ser escuchados y buscar soluciones.
Evitar en todo momento los comentarios burlones, las bromas pesadas y actitudes agresivas entre cónyuges. La violencia (física, verbal, patrimonial…) NO es aceptable en ninguna situación. Yo se que uno no se casa para divorciarse a la primera de cambios, sin embargo hay situaciones que impiden seguir adelante con el matrimonio, si consideras que tu vida o la de tus hijos están en peligro, pide ayuda y sal de la relación. Hay casos en los que las diferencias son irreconciliables y una separación es el único camino para mantener tu integridad física y emocional en resguardo.

Elegir libremente y ponerse de acuerdo en las expresiones sexuales entre cónyuges: conocerse, pedir, complacerse y respetarse es imprescindible para mantener vigente el deseo y la vida sexual de la pareja. Dicen por ahí que el orgasmo es de quien lo trabaja, el deseo se genera en la mente, mantenla activa y enfocada en el disfrute en pareja, toma la iniciativa; creer que tu placer depende de tu pareja es un error, responsabilízate ya de tu deseo y su desarrollo, ambos dependen de ti.


Establecer como prioridad el respeto mutuo y la lealtad. Los acuerdos de fidelidad y exclusividad HABLADOS con claridad son indispensables para alcanzar la confianza en la pareja. Cada matrimonio establecerá los suyos, son absolutamente personales pero es indispensable hablar específicamente sobre el tema para no generar expectativas ni asumir cosas que tal vez la pareja ni si quiera haya considerado.
Respetar y cumplir los acuerdos a los que han llegado. Si en algún momento no se sienten capaces de cumplirlos, será necesario hablar de nuevo y establecer las modificaciones necesarias JUNTOS. Decir la verdad a tiempo puede evitar conflictos mayores y situaciones irreconciliables.
Cada cónyuge tiene derecho a un espacio personal privado, a tener y convivir con sus amistades, familiares, a tener trabajos independientes, actividades, gustos y hobbies sin “pedir permiso”. Pero no olvides que además de conservar la identidad personal, es necesario cultivar y cuidar la  identidad de la de pareja (en cuanto a tiempo, calidad de relación, espacio e intimidad), con equilibrio en ambos aspectos, la posibilidad de estabilidad y permanencia del matrimonio siempre es mayor.

Recuerda que la dinámica de relación de un matrimonio es asunto de la pareja, por supuesto es posible escuchar consejos y experiencias de otros, pero no pierdas de vista que con quien te interesa estar bien es con TU pareja, con nadie más… es muy fácil para otros dar opiniones y alentarte a que tomes decisiones en tu matrimonio (y en tu vida) ya que ellos no lidiarán con las consecuencias, así que si tienes dudas, miedos, inseguridades, enojos… la persona indicada para hablarlos y resolverlos es el otro involucrado: tu pareja.



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