jueves, 10 de diciembre de 2015

Integridad

¿Te ha pasado que tratas con personas que continuamente mienten, te dejan esperando, dicen verdades a medias, rompen acuerdos o incumplen contratos? ¿Te has sentido decepcionado por alguien al romper su palabra o compromiso y por no haber hablado contigo para disculparse? ¿Eres tu quien hace estas cosas constantemente? ¿Dices “mentiras piadosas”, exageras, llegas tarde, no envías la información a la que comprometiste o rompes tus promesas? ¿Has quedado mal con alguien y has pospuesto la disculpa que sabes necesitas hacer?

La integridad implica una intención sincera de cumplir tus promesas, pero significa mucho más que eso: para ser íntegro hace falta que mantengas tu palabra, aún cuando no te sea posible cumplir lo que prometiste.Tus promesas son garantías de integridad que se honran en presencia y a cada momento; sin integridad no hay confianza, coordinación, ética ni relaciones ni resultados de calidad. A pesar de eso, las personas parecen enfocarse solamente en "cumplir" (a destiempo, al aventón o a medias).
Para ser una persona íntegra, el primer paso es tener la intención de cumplir lo que ofreciste, es decir, querer y saber que puedes cumplir tu promesa. Para esto es necesario:

1. Que entiendas lo que se te pide, lo que se requiere de ti (incluyendo fechas y horas); sin tener completamente claro esto, es de esperarse que no puedas cumplirlo.
2. Que estés preparado para lo peor. Ten consideradas diferentes acciones ante posibles obstáculos, asegura que tu promesa se lleve a cabo en tiempo y forma a pesar de todo.
3. Que estés consciente de que tienes lo que se necesita para cumplir el acuerdo, es decir, que cuentas con los recursos, conocimientos, actitudes y destrezas necesarios.

A menos que creas que cumples con cada una de estas condiciones, no puedes hacer una promesa a conciencia. Puedes equivocarte al pensar que puedes cumplir, pero no es válido mentir al respecto o quedarte callado si ya te diste cuenta. Si sabes que no es posible cumplir una promesa con lo que tienes y con lo que sabes, es mejor que no la hagas. Por supuesto, si en algún momento del proceso de cumplir, cambias de opinión o te das cuenta de que no podrás cumplir, necesitas hablarlo francamente para que tu palabra no se degrade.
Tanto con niños como en relaciones de pareja, amistades y organizaciones, es común romper las promesas que hacemos sin disculparnos de manera apropiada. Ten siempre presente que la jerarquía de ninguna manera es motivo para romper los acuerdos pactados.
¿Cómo mantienes tu integridad si algo pone en riesgo el cumplimiento de tus promesas?

Haz honor a tu palabra disculpándote de inmediato. Esto significa dar una explicación, rendir cuentas y reparar (o minimizar) el daño causado a la persona con quien te comprometiste. Necesitas ponerte en los zapatos de la otra persona y entender lo que necesita escuchar y recibir para mantener la confianza en ti. Explica lo que ha sucedido y la razón por la que no te fue posible predecirlo. Ofrece siempre un nuevo compromiso que mantenga resultados lo más parecido posible a lo que se esperaba con anterioridad o renegocia nuevas posiblidades.


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