sábado, 5 de septiembre de 2015

No etiquetes de forma negativa a tus hijos e hijas, mejor construye sus fortalezas


Haciendo fuertes a nuestros niños y niñas

Una creencia es el sentimiento de certeza sobre el significado de algo, es una afirmación personal que consideramos verdadera. Las creencias afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas y situaciones que nos rodean y dan significado y coherencia a nuestro modelo de mundo.
“Somos lo que creemos que somos”... Lo que creemos, puede moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestra creatividad, la manera en que nos relacionamos, inclusive nuestro grado de felicidad y de éxito.
Las creencias vienen de lo que nos han dicho, de lo que hemos vivido; vienen del sistema en el que nacimos y crecimos, las obtenemos de otras personas, educadores, grupos a los que pertenecemos a lo largo de nuestra vida, experiencias de nuestros padres o de los medios de comunicación y se impregnan en nuestro consciente y/o en nuestro inconsciente. Se guardan en nuestro cerebro, en las células  del cuerpo, o en lo profundo del alma.


Lo que creemos sobre nosotros y nuestro entorno genera emociones y sentimientos que van determinando la manera en que operamos en la vida.... Las emociones son respuestas químicas y neuronales que forman un patrón. Las respuestas provienen tanto de los mecanismos innatos del cerebro (emociones primarias) como de los repertorios conductuales aprendidos a lo largo del tiempo (emociones secundarias). Aunque son inconscientes, pueden tener efecto sobre nuestras conductas. Los sentimientos son la evaluación consciente que hacemos de la percepción de nuestro estado corporal durante una respuesta emocional.

“Tengo mala suerte”
“Soy muy malo en matemáticas”
“Nunca voy a salir de este problema”
 “Nadie me quiere”
“No le importo a nadie”
“No soy suficientemente bueno jugando futbol”
“No sé hacer nada bien”

Las personas creen esto porque alguien se los dijo y lo aceptan y algunas veces ellos se sienten así, porque nunca han sabido lo que se siente ser muy bueno en la escuela, suficientemente bueno en algún deporte o lo que se siente ser amado. Simplemente algunas personas nunca se han encontrado en la situación de experimentar estos sentimientos.
Los sentimientos varían de persona a persona y son determinantes para enfrentar y lidiar con la vida. Hacen la diferencia entre sentirse profundamente feliz o sentirse miserablemente desgraciado.

Construye las fortalezas en tus hijas e hijos:


Independientemente de la situación que tu familia o tu hijo estén viviendo, evita poner etiquetas negativas a tus hijos. Etiquetar de forma negativa sobresalta aspectos sin importancia y oculta cosas puras y valiosas.

Las etiquetas afectan la forma en que pensamos, sentimos y actuamos ante un niño. Nos hacen creer que hay algo mal y se convierte en causa de rechazo. Las etiquetas pueden ser devastadoras para los niños a quienes se les aplican. Los padres también resienten estos efectos:

Creer que somos padres de un niño o niña que causa problemas, que llora por todo, que es berrinchudo, grosero o que es difícil de controlar genera emociones y sentimientos como el miedo, confusión, resentimiento, culpa, vergüenza, cansancio y enojo.

Si lo que quieres es construir una relación saludable con tus hij@s, debes poner estas etiquetas sobre la mesa, analizarlas a detalle y rediseñar las que te hagan sentir mal a ti o a tu hijo; aquellas que nublen tu visión o escondan el potencial del niño necesitan ser modificadas.

Dedica un tiempo específico para esta actividad (preferentemente cuando estés tranquilo y solo), sincérate, no te distraigas ni pongas pretextos y encuentra las fortalezas del niño. Ahora, dales un nombre. Por ejemplo: con un poco de guía, la necedad puede convertirse en persistencia y la agresión en energía para hacerse valer… las posibilidades son ilimitadas.

Acostúmbrate a usar las nuevas etiquetas al hablar sobre tu hija con todo mundo y al disciplinarla (las nuevas etiquetas deben usarse en todo momento, independientemente de si la niña está presente o no).

Se siente bien ser el padre de un niño sensible, comprometido, analítico, perceptivo y carismático. Estas palabras podrían describir al hijo que siempre soñaste tener. Esto también ayudará a que tu hijo construya su propia estima.

Las palabras pueden crear imágenes positivas que ayudan a que los niños recuperen su confianza y se sientan seguros de mostrar quienes son verdaderamente. Esto facilitará que se conviertan en quienes quieren ser, además los niños que se agradan a sí mismos, son niños que saben controlarse y comportarse de manera adecuada. Eso es precisamente lo que todos queremos para nuestros hijos. Nunca es demasiado tarde para empezar a hablar y a pensar bien de tu hijo.

No olvides que los niños necesitan ser reconocidos con sus características particulares (aunque sean muy intensas), pero de ninguna manera como disfuncionales. Si la diferencia es honrada y manejada, los niños crecerán de forma balanceada; de lo contrario, serán guiados a la disfunción y a los problemas.


No permitas que otros te intimiden con sus etiquetas agresivas. Enséñales a usar palabras que reflejen el potencial de tu hijo al usarlas tú mismo. No tienes que discutir con ellos, solamente tienes que reflejar sus pensamientos en términos positivos.



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